Sin duda algo que encanta a grandes y chicos es la
pasión por
los poderes. Desde Ícaro que quería volar, hasta todos
los monos animados que hoy ven nuestros hijos, hay una constante de
anhelar fuerzas extraordinarias, capacidades ajenas al ser humano,
la capacidad de hacerse invisibles, de correr más rápido
que la luz, el poder trepar por los edificios, el conversar con los
animales y así suma y sigue. Toda una fauna de habilidades -por
el momento fantasiosas- que nos llenan de ilusiones e inundan la imaginación
de libretistas y los que redactan comics.
Seguramente esta característica
es propia del ser humano y se debe a razones históricas y
psicológicas
que no tienen lugar en el comentario de hoy, pero sí me quiero
detener en la constatación de este anhelo y ver qué podemos
sacar en limpio para nuestra vida diaria.
Constantemente veo a mis
hijos discutiendo por los poderes que cada uno quiere tener; es
más
muchas veces juegan y me preguntan cuál sería el
máximo
poder que me gustaría
tener. Los rankings de ellos oscilan entre el volar y la capacidad
de viajar en el tiempo. Sin embargo y a la hora de la verdad, siempre
me pregunto si se me diera la posibilidad de tener un don extraordinario,
cuál elegiría. No me tientan mucho los talentos físicos,
pero sí sueño con la sabiduría para ser feliz
en forma permanente. Y no es que no lo sea, sino que creo que podría
serlo mucho más y así también hacer mucho
más
felices a los que me rodean.
Creo que este súper poder -el
querer ser feliz- es una búsqueda
generalizada de los hombres y mujeres de todos los tiempos, pero
pareciera que ahora está más difícil encontrarlo.
Además
los caminos que hoy se ofrecen son tremendamente variados y muchos
de ellos terminan siendo espejismos que se desvanecen sin poder
nunca tocarlos: la imagen, el reconocimiento, el éxito,
la fama, el bienestar económico… sin embargo también
hay algunas pistas que nos pueden ayudar a acercarnos y poder ser
Súper
Héroes de la Felicidad:
1. El traje: todo súper héroe
siempre ha tenido una vestimenta que lo caracteriza y que hace
evidente su poder. En el caso nuestro
pienso que una buena capa sería de la de gratitud; vestirse
constantemente de todos los milagros que ocurren constantemente
en nuestras vidas nos dará una actitud positiva y optimista
frente a lo que suceda. Un buen antifaz sería la sonrisa;
que fuera ella nuestra carta de presentación frente a todos
los que encontremos en el camino; incluso el antipático
y el apático… qué increíble
fuerza tiene una sonrisa gratuita y llena de afecto. Un buen escudo
sería la valentía, para así atreverse a ser
diferente y bajarse de ciertas “auto exigencias del sistema”.
Un buen cinturón sería la capacidad de dar: hoy algunos
hablan de “enamorarse de dar”, dar tiempo, dar atención,
dar cariño, dar paciencia, dar ayuda material, dar tu corazón
aún a riesgo de sufrir.
2. Tener en cuenta que nos debilita para alejarnos de eso: se
acuerdan de la kriptonita que dejaba a Súperman al borde
de la muerte; bueno él y sus archi enemigos sabían
que esa era su debilidad y hacía todo lo posible para no
tomar contacto con ella o defenderse a tiempo. Lo mismo debiéramos
hacer nosotros: si sabemos que nuestro talón de Aquiles
es la rabia, debemos trabajar para que ella no nos domine, para
poder expresarla de forma adecuada, para tomar conciencia que no
somos rabia, sino que es sólo una emoción con la
que no debemos fundirnos. Lo mismo con la tristeza o el miedo;
si la debilidad nos entra por ahí; no dejemos que nos invada.
Para ello es bueno mirar con objetividad las causas y reenfocarnos
en el amor. Temor y amor no son compatibles; luz y oscuridad tampoco.
Aquí hay que hacer el trabajo personal, revisarse en dónde
nos caemos siempre y buscar salidas, porque las hay…
3. Cargarse de la fuente del poder: No se si todos recuerdan a
Súper Tribi (hoy más conocido como Goofy) cuando
se le estaban terminando los poderes; él iba a su jardín
y comía los manís mágicos que le devolvían
las fuerzas. Nosotros debiéramos hacer lo mismo. Cada vez
que nos sintamos sin energía y con la desesperanza llegando
al cuello, podemos acudir a la fuente de todos los poderes: Dios.
El es claro al decirnos que El es la fuente de la vida eterna;
que si nos unimos intrínsecamente a El no necesitamos nada
más. Es más, en algunas contadas ocasiones hemos
podido sentir esa plenitud al ser uno con Dios, o bien hemos podido
admirar la felicidad con que viven los que realmente tienen una
fe madura.
4. Vencer al enemigo: el gran boicoteador de la felicidad de todos
es el EGO; ese que nos hace identificarnos con lo que no somos;
con las cosas, con los roles, con la imagen, con las emociones,
con los pensamientos, con lo físico… entonces sufrimos
y vivimos en el drama en vez que en la felicidad. Si realmente
tomáramos conciencia de que somos hijos de Dios, todos,
no nos haríamos esclavos de lo externo y viviríamos
con más plenitud y gozo cualquier cosa que se nos asome
al camino.
5. La liga de la justicia: Muchos héroes se unen para vencer;
cada uno aporta su poder y arman un grupo aún más
fuerte que lo individual. Lo mismo podríamos hacer nosotros;
si reconocemos algunas fortalezas o dones especiales en nosotros,
podemos aportarlas a un grupo mayor y a la vez alimentarnos de
lo que no tenemos. Si somos inspirados, pero desordenados; ayudémonos
del organizado y metódico. Podemos formar “grupos
de poder” en todas partes: en la familia, en el trabajo,
en las amistades etc…
Después de todo esto creo que podemos ser Súper
héroes, sólo nos falta alimentarnos de la fuente,
y salir a volar… miren que el mundo nos necesita. |