Nunca he fumado; ni siquiera sé fumar; no me
llamó jamás
la atención el hacerlo y pasé toda mi adolescencia y
universidad sin caer en la tentación del vicio. Ahora menos.
Sin embargo, siempre me vi rodeada de amigas y compañeras que
eran como chimeneas industriales. Un cigarro tras otro, entre medio
de todos los libros y pruebas.
Nunca me voy a olvidar cuando preparando
mi examen de grado, cuando ya estaba de unos seis meses de embarazo,
el doctor me llamó la atención sobre mi placenta.
En la ecografía aparecían miles de puntitos brillantes
que indicaban que yo era una fumadora empedernida. Acusando mi
total inocencia,
el doctor me contó que eso era lo normal por el ambiente
en que vivía. Era una fumadora pasiva y tenía el
humo del cigarro impregnado hasta lo más profundo de mi
ser.
Hasta el día de hoy cuando uno sale a cualquier parte
y hay gente fumando… nada que hacer!!, la ropa, el pelo,
hasta la piel queda pasada a humo de cigarro. Pareciera que la
nicotina se me pega
por todos lados y pasa a ser cosa mía.
A dónde voy
con todo esto. Tranquilos fumadores, no es una campaña
antitabaco; no por ahora, al menos. Sólo quiero usar esta
imagen para invitarlos a una locura. Otra más…
Qué pasaría
si a partir de ahora nos convertimos en nicotina “de
amor” para otros. Que todas nuestras palabras, actos y pensamientos
impregnen a los demás de un “olor” insacable,
contagioso, que deje huellas cuando ya nos hayamos ido. Yo creo
que la intención
la tenemos todos; en general siempre queremos ser buenas personas
y actuar bien, pero a poco andar se nos olvida y no es que seamos
malos,
ni que digamos pesadeces, pero pasamos como uno más. La
idea es ser pegote como el humo. La pregunta entonces es cómo.
Hay
un autor mexicano, el doctor Miguel Ruiz que nos da algunas pistas
que pueden ayudar a convertirnos en “nicotinas” de buena
energía para este mundo que tanto lo necesita. Son cuatro acuerdos
que podemos hacer conscientes:
•
Primer Acuerdo: Se impecable con tus palabras. Lo que sale de tu boca
es lo que eres tú. Todas las palabras que piensas y que dices
tienen un efecto creador. Por eso habla con integridad. Evita hablar
contra ti mismo y hablar mal sobre los demás. Utiliza el poder
de tus palabras para avanzar en la dirección de la verdad y
el amor. San José María Escrivá lo lleva a la
radicalidad: “Si no puedes alabar, cállate”. Las
palabras son mágicas: con una sola palabra puedes cambiar una
vida o destruirla.
• Segundo Acuerdo: No hagas suposiciones. Encuentra la valentía
necesaria para preguntar y expresar lo que realmente quieres. Comunícate
con los demás tan claramente como puedas, a fin de evitar
malos entendidos, tristeza y dramas. Sólo con este acuerdo
transformarás tu vida por completo, el día que no haga
suposiciones, te comunicaras con habilidad y claridad y tus palabras
se volverán impecables. Si tienes una duda aclárala
y corta las filmaciones internas. Suponer te hace inventar historias
increíbles que sólo envenenan tu alma y que NO TIENEN
FUNDAMENTO.
• Tercer Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas.
Lo máximo que puedas hacer cambiará de un momento a
otro; será distinto cuando estés sano que cuando estés
enfermo. Bajo cualquier circunstancia, haz sencillamente lo máximo
que puedas, y de este modo evitarás juzgarte, maltratarte
y lamentarte
• Cuarto Acuerdo: No te tomes nada personalmente. Lo que los
demás dicen y hacen es una proyección de su propia
realidad. NADA de lo que hacen es por ti, sino que lo forman desde
su propia visión del mundo, del conjunto de sus vivencias,
abundancias o carencias. Cuando seas inmune a las opiniones y los
actos de los demás, podrás navegar frente a las críticas
y las alabanzas, fundando tu valor personal en quien eres, no en
quien dicen que eres.
Con la aplicación consciente de estas cuatro herramientas,
podremos ir despejando el panorama interno y produciendo a la vez
importantes cambios en el entorno. Por ejemplo, si nos encontramos
con alguien que nos agrede, la primera reacción será no
tomarlo como algo personal. Tomar consciencia de que la otra persona
quizás está en un mal día o no sabe expresar
adecuadamente lo que piensa. Segundo, trataremos de dar lo mejor
de nosotros para ayudarlo a solucionar lo que la aproblema. De ahí también
que no deberemos suponer nada (que me dice esto porque quizás…evitar
los pensé que a fuerza de controlar la mente). Luego utilizar
las palabras más impecables que podamos, buscando la concordia,
la verdad, el amor.
Si reaccionáramos así, con seguridad
la respuesta del otro será absolutamente de descolocación.
Quizás
hasta le sacamos una sonrisa y de paso, solucionamos el problema… ya
hemos dejado un poco de humo de cigarro ahí.
Poco a poco,
empezar a aspirar el amor que guía todo esto;
poco a poco empezar a “pegar” en todos lados este humo
tan necesario y especial. Empezaremos a encontrar a otros adictos
valientes, capaces de “fumar” en público, venciendo
el ridículo y el qué dirán. “Fumadores
de Amor” capaces de cambiar el aspecto de todo lo que tocan.
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