Hace unos días atrás, en un día
semi libre de trabajo, tenía dispuesto en mi cabeza aprovechar
al máximo
los minutos disponibles para hacer todos los trámites que nunca
puedo hacer. Por supuesto sobregiré las expectativas de tiempo
y salí de mi casa mucho más tarde de toda mi planificación.
Ya de camino a la oficina, y con la lista de pendientes casi intacta,
mi tendencia natural – casi de inercia- fue empezar a repasar
todo lo que faltaba y empezar a buscar soluciones. Sin embargo, una
primera luz roja de un semáforo me ayudó a desconectar
un rato “a la loca de la casa” y me dije - o me dijeron
de arriba “observa a tu alrededor; vive el presente, toma conciencia
de estar vivo mirando cada detalle que pases”.
Saqué el
pie de acelerador y comencé a poner mi atención e intención
en los grafitis de la calle, en los árboles que empezaban a
pintarse de rojos y amarillos; me esforcé en ver el camino,
los lomos de toro, las personas… En eso iba cuando al tercer
con el mute en la mente, mis ojos se detuvieron en una cabeza calva
muy singular que caminaba por la vereda. Me llamó la atención;
era una “pelada” que me era familiar. Al acercarme más,
pude constatar efectivamente que era un señor a quien yo conocía
ya que era el papá de una amiga muy querida. En menos de dos
milésimas de segundo, asocié también que él
estaba con un Alzheimer bastante avanzado y que no debía andar
caminando sólo por la carretera. Estacioné el auto a
pocos metros apenas el tráfico me lo permitió, pero no
podía oírme. Mi susto aumentaba con el temor de que lo
atropellaran, estaba a pocos metros de un cruce peligroso… En
ese mismo instante, y con bastante angustia en el cuerpo, veo que se
acercan otros dos amigos caminando hacia el Señor. Justo a tiempo,
alcancé a gritarles que lo alcanzaran y lo detuvieran antes
de cruzar.
En no pocos minutos, entre los tres, logramos convencer al señor
de volver a casa y la experiencia tuvo un final feliz. Nada me importó más
que eso: llegué más tarde a todo, la lista de pendientes
aumentó, pero quedé realmente con el corazón tocado,
maravillado de las diosidencias. Conversando luego con mi amiga, me
comentaba lo agradecida que estaba, ya que su papá podría
haberse perdido por días, haber sido atropellado o quien sabe
qué. En esos momentos, mi única respuesta fue. “Oye,
no hay nada que agradecer; sólo fui pa'loma”. “!Qué!!!” “me
dijo ella. “Sí sólo estuve “pa'los
mandados “. Seguramente muchas veces Dios nos encomienda misiones
secretas –al menos para nosotros- de acompañar a alguien,
dar el consejo preciso, abrazar a quien lo necesite…sin embargo
en esta ocasión, me sentí absolutamente y gratamente
utilizada por Dios para ayudar a este señor. Qué hubiese
pasado si yo hubiera terminado mis trámites antes, si hubiera
ido con la cabeza en otros lado, si la cabeza calva no la hubiera visto,
si no se hubieran cruzado mis otros amigos, si el semáforo hubiese
estado en verde, si ..si… todo calzó como piezas de un
puzle. Nos pusieron a todos en el mismo lugar, con planes y objetivos
específicos.
A dónde voy con todo esto: cada día tiene miles de planes
y cruces con personas y circunstancias únicas e irrepetibles;
en cada momento podemos “ser pa'lomas” para ayudar
a otros. El problema es que al no hacerlo conscientes, las palomas
podemos pasar de largo, no actuar cuando debíamos y dejar de
ayudar a alguien que esperaba nuestro apoyo. Quizás ahí le íbamos
a salvar la vida, o a cambiársela o a darle sentido al día.
Cuáles serían entonces las claves según mi parecer:
1. En primer nunca lamentarse de dónde estamos ni en la hora
en que estamos: es nuestra parte del guión. Son los parlamentos
que hay que decir. Desde ahí nunca más alegar en un taco,
o en la fila de un banco, o cuando se nos pincha un neumático,
o un desmayo inesperado…Son las instrucciones que hay que estar
atentos a oír para ser una buena “pa´loma”.
2. Poner mute a la mente: ninguna “paloma” podrá hacer
su trabajo, si tiene la cabeza volando por otros escenarios. Hay que
vivir conscientes, del aquí y del ahora. Si es necesario callarla
con algunas técnicas mejor: ir mirando, ir escuchando, ir sintiendo
con los sentidos del alma bien afinados.
3. Estar atentos a los mandados: si estamos centrados en nosotros mismos,
nuestros problemas, dolores y preocupaciones, difícilmente podremos
percatarnos de que nos necesitan en escena. De ahí la importancia
de conectarse de verdad con el otro que tengo al frente.
4. Sorprenderse: mientras más atentos estemos y más actuemos
para “los mandados” de Dios, nos empezamos a sorprender
de las diosidencias más chicas y más lindas. La vida
toma otro ritmo, se hace casi mágica, encantadora…
5. Por último, dar gracias. Siempre será un privilegio
el estar de “pa´loma” de Dios, por eso también
es necesario darle gracias permanentemente y renovar nuestro contrato
con Él en forma diaria.
Los invito a ser “pa'lomas”; es uno de los vuelos
más lindos que he vivido en el último tiempo.
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